Diseñar 26 letras suena a diseñar 26 cosas. Es justo lo contrario: si dibujas cada una a ojo, no parecen de la misma familia por mucho que las hagas parecidas. Lo que crea la familia no es el parecido, es compartir las piezas.
Primero las piezas, después las letras
Antes de dibujar ninguna letra fijé el material, y me prohibí todo lo demás. Siete piezas:
- una espina vertical, siempre en el mismo sitio;
- brazos rectos que salen de ella, siempre con el mismo alcance;
- un círculo abierto que remata todo brazo suelto;
- un punto lleno;
- un anillo cerrado;
- arcos de tres radios concretos, nunca una curva a mano;
- un triángulo equilátero, cerrado o abierto.
Con eso está todo hecho. No hay ni una curva libre en el alfabeto entero, y esa es la razón de que 59 signos parezcan hermanos: literalmente lo son.
- AA
- BB
- CC
- DD
- EE
- FF
- GG
- HH
- II
- JJ
- KK
- LL
- MM
- NN
- OO
- PP
- RR
- SS
- TT
- UU
- VV
- WW
- XX
- YY
- ZZ
La ventaja secundaria es que un alfabeto así se puede aprender. Cada letra no es una forma que memorizar, es una receta: espina más anillo alto a la derecha. Quien pilla el sistema puede leerlo sin haberlo estudiado.
Dos alfabetos compitiendo por el mismo puesto
Hice dos completos, no uno, y los enfrenté con el mismo encargo.
El primero, Espina, organiza todo sobre un eje vertical: las marcas cuelgan a los lados. El segundo, Órbita, se prohibía la línea recta como base: todo signo nacía de un aro, entero, de tres cuartos, medio o un cuarto, y encima se le añadían radios y satélites.
Órbita era más bonito de ver suelto. Perdió por dos motivos, y los dos solo aparecen al escribir una frase entera:
- Ocupa demasiado. Un aro llena su caja; una espina deja aire alrededor. En una línea larga, Órbita se convierte en una cadena de manchas del mismo peso donde no se distingue dónde empieza cada palabra.
- Se cierra en pequeño. El interior de un aro con la línea gruesa se rellena en cuanto bajas de cierto tamaño. En una web eso pasa constantemente.
Es la lección que más se repite en diseño de marca: lo que gana en la lámina pierde en el uso. Órbita sigue guardado, entero, por si algún día hace falta un alfabeto para titulares grandes.
La lógica que hay detrás de cada grupo
Un alfabeto no son solo letras. Son letras, cifras, tildes y puntuación, y cada grupo necesita su propia regla para que no se pisen entre ellos.
Las cinco vocales son las únicas con una forma cerrada —triángulo, anillo o cuenco— cosida a la espina. Es lo que permite reconocer la estructura de una palabra sin leerla entera.
- Atriángulo con la punta arriba, coronando la espinatriangulo apice arriba + espina
- Eel mismo triángulo, invertido y colgando abajoespina + triangulo apice abajo
- Ila excepción: espina corta entre dos puntosespina corta + 2 puntos eje
- Oanillo grande sobre la espinaanillo 140 + espina baja
- Ucuenco abierto arriba, cerrando la espinaespina + cuenco 130 abajo
Las líneas de color son la rejilla de construcción: el eje de la espina, la altura del signo y la línea base. Ningún signo se sale de ellas.
Esas reglas no son adorno. La de las cifras, por ejemplo, resuelve un problema práctico: en una línea con letras y números mezclados hay que poder distinguir de un vistazo qué es cada cosa. Poner las cifras al otro lado del eje y quitarles el círculo de remate lo consigue sin inventar formas nuevas.
La de las tildes resuelve otro que rompe muchas fuentes amateur: si la tilde crece por encima de la letra, la línea de texto se descuadra en español y hay que separar más los renglones. Metiéndola en un rincón que ninguna vocal usa, Á mide exactamente lo mismo que A.
Lo que solo se ve al verlo escrito
Aquí está la parte que no cuenta nadie. Diseñé las 26 letras sobre el sistema, las miré una a una, me parecieron bien… y al ponerlas en cuadrícula, juntas, aparecieron cuatro problemas de golpe:
- La N y la Y eran el mismo signo. No parecidos: idénticos.
- La E y la U se leían las dos como una Y con el remate distinto.
- La A y la M eran las dos una flecha hacia arriba.
- La T y la H eran las dos una cruz, solo cambiaba la altura del brazo.
Ninguno de esos cuatro se ve dibujando la letra sola. Se ven en fila y a tamaño pequeño, que es como se lee. Rediseñé los cuatro y volví a mirar. La conclusión que me llevo es incómoda para cualquiera que diseñe algo: revisar tu propio trabajo en las condiciones en las que se va a usar no es una fase final, es la única revisión que cuenta.
De dibujo a fuente: el paso que sorprende
Con los signos cerrados, queda convertirlos en un archivo instalable. Y ahí hay una trampa que descoloca a todo el mundo la primera vez:
Una fuente no guarda líneas. Guarda siluetas rellenas.
Todo lo que has dibujado como un trazo con grosor —una línea, un arco, un anillo— hay que convertirlo en el contorno cerrado de su silueta antes de compilar. Una línea con las puntas redondeadas se convierte en una pastilla: dos lados rectos y dos semicírculos. Un anillo se convierte en dos círculos, uno dentro de otro, girando en sentidos opuestos para que el de dentro haga de agujero.
Después toca decidir cosas que nadie ve pero que se notan todas:
- Cuánto ocupa cada signo y cuánto aire lleva a los lados, o el texto sale apelmazado.
- Qué tecla dibuja qué. ztarz es de caja alta única —no tiene minúsculas—, así que la
ay laAapuntan al mismo signo. Quien escribe no tiene que pensar en ello. - Dónde está la línea base y cuánto puede bajar la coma por debajo de ella.
El archivo final pesa 12 KB. Un alfabeto entero, con cifras, acentuadas y puntuación, ocupa menos que una foto pequeña. Escríbele aquí:
Hola, ¿qué tal? Son las 9:45.
Es la fuente real, la misma que sirve el Modo ET. Las minúsculas se ven igual que las mayúsculas a propósito: ztarz es de caja alta única.
Qué gana una marca con esto
Se puede argumentar que es un capricho, y en parte lo es. Pero un alfabeto propio hace algo que ningún logo hace: convierte cualquier texto en marca. No hay que colocar nada; la marca aparece sola en el momento en que alguien escribe.
Y hay un motivo menos romántico, el que de verdad decidió el cambio. La fuente que usaba antes era de otra persona: no tenía mayúsculas —lo que obligaba a forzar minúscula en todo el sitio—, no tenía cifras, y sus condiciones de uso eran suyas, no mías. La que tengo ahora tiene lo que necesito porque yo decidí qué necesitaba, y el día que le falte algo, lo añado.
Si quieres verlo funcionando: en el selector de idioma de esta página, el platillo volante.



